La ruta de Flandes: un reguero de oro
http://www.laaventuradelahistoria.es/2013/04/24/la-ruta-a-flandes-un-reguero-de-oro.html
24 de abril de 2013
Aseguró durante décadas las expediciones militares contra los Países
Bajos. Pero, además de su función estratégica, el corredor fue una
arteria económica por la que fluían los negocios e industrias. Los
tercios generaban riqueza a su paso y eran recibidos con los brazos
abiertos
-o-o-o-
Cordón umbilical de la Monarquía Hispánica, asfixiante corsé para Francia, el Camino Español era tan vital para el imperio europeo de España que
puede decirse que mientras existió el uno, sobrevivió el otro, mientras
que sólo su desaparición permitió que Francia substituyera a España
como primera potencia mundial. Lo inauguró el Gran Duque de Alba en 1567, y sería transitado por 26 expediciones de entre 2.000 y 10.000 hombres, de forma intermitente según las exigencias bélicas de Flandes y el estado de las arcas reales.
En 1620 Saboya, temerosa
del ascendente poderío francés, cerró sus pasos alpinos al ejército
español, y hubo que buscar rutas alternativas a través de los Cantones Suizos o
los Grisones, para seguir luego por el Imperio alemán, hasta recuperar
el Camino Español en Lorena, pero esta ruta ya no era segura y sólo se
recorrió tres veces.
Cuando el Cardenal-infante encabezó la última expedición terrestre a Flandes en 1634, tuvo que abrirse paso librando una terrible batalla en Nördlingen con el ejército sueco, hasta entonces reputado como el mejor de Europa.
Aunque los ejércitos españoles de la época, como todos, fuesen multinacionales y no tuvieran más de un 10 o 15 % de españoles propiamente dichos, estos formaban la elite,
el núcleo duro de la fuerza operativa. Un 60 % de los enviados por el
Camino Español eran españoles y el resto italianos, los mejor pagados y
considerados después de aquéllos. En Flandes, para completar el
ejército, se sumaban tercios borgoñones y walones y regimientos
mercenarios alemanes e ingleses.
Los soldados embarcaban en el puerto de Barcelona y llegaban por vía marítima hasta Génova, la puerta de Italia para los españoles. Las tropas se acantonaban en la posesión española del Milanesado, como se llamaba a Lombardía, o en algún territorio satélite.
Allí se reunían también las fuerzas venidas de Nápoles, segunda cantera militar española después de la Corona de Castilla,
o reclutadas en el propio Milanesado. Y cuando el cuerpo expedicionario
estaba completo, emprendía la travesía de los Alpes por Saboya.
Antes de cada expedición se enviaban artistas a
dibujar los accidentes del paisaje, igual que hoy se hace fotografía
aérea antes de una operación militar. Luego venían comisarios,
asentadores e ingenieros, comprando provisiones, apalabrando posadas,
alquilando barcazas, desbrozando y allanando carreteras, montando y
desmontando puentes portátiles… Porque, además de su función
estratégica, el Camino Español era una arteria económica por la que fluían los negocios y se transferían millones en efectivo, lo que iba dejando riqueza por su recorrido.
Luis Reyes, historiador y autor de El camino español (Rd Editores) detalla en el número de mayo de La Aventura de la Historia (175)
la inyección de liquidez (contratas para arreglar carreteras, construir
puentes, almacenar víveres y provisiones, industria de la pólvora,
forjas…) que cada expedición de los tercios dejaba a lo largo de los
territorios que atravesaba, son su séquito de 20.000 criados, mujeres, clérigos, buhoneros y gente de mal vivir. En quioscos y versión digital de Orbyt
Comentarios