Virgen de la Antigua, la gran devoción olvidada


Virgen de la Antigua, la gran devoción olvidada

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La iglesia de Santiago cobija una de las Dolorosas históricas de la ciudad, una imagen de Pedro Roldán que fue titular de la hermandad más boyante.
Juan Parejo - 28.03.2014 
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Foto: Manuel Gomez
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Foto: Manuel Gomez


Del salón en el ángulo oscuro,/ de su dueño tal vez olvidada,/ silenciosa y cubierta de polvo,/ veíase el arpa. Esta estrofa de la rima número VII del gran poeta romántico, Gustavo Adolfo Bécquer, sirve para introducir el tema de este reportaje. Sólo hay que cambiar la estancia, una iglesia en vez de un salón; y el sujeto, una Dolorosa en lugar del instrumento musical. La protagonista de esta historia es una valiosísima imagen mariana que siglos atrás fue la de mayor devoción de la ciudad. La Esperanza Macarena del siglo XVII. Una escultura del maestro Pedro Roldán de gran valor artístico. 

La Virgen de la Antigua, titular de esta histórica cofradía extinguida en el XIX, ha sido rebautizada hoy como Virgen de los Dolores. La talla, realizada por Pedro Roldán en 1660 para la cofradía de la Antigua, Siete Dolores y Compasión, que residía en la capilla que hoy ocupa la Hermandad de Montserrat, salió en el siglo XIX desde San Pablo y pasó a ocupar uno de los altares de la iglesia de Santiago, templo que es hoy sede canónica de la Hermandad de la Redención. Allí permanece casi oculta, silenciosa, prácticamente en el olvido, desconocida hoy por una ciudad que le rezó durante más de un siglo con ansia y la sacaba en rogativas. 

Hasta hace no mucho tiempo, se pensaba que la Virgen de la Antigua que gozó de tanta devoción en la ciudad es la que se encuentra en la parroquia de la Magdalena. El investigador Antonio Torrejón Díaz consiguió identificar a la Dolorosa de Santiago como la Virgen barroca que realizó Pedro Roldán. "La primitiva Virgen de la Antigua es la que está en la Magdalena. Como sólo se tenía constancia del contrato de la hermandad con Pedro Roldán, se identificaba como tal. Al no concordar con las características de Roldán, se justificaba como una obra juvenil realizada tras llegar de Granada. Antonio Torrejón Díaz buscó imágenes antiguas, mediante grabados y pinturas, y detectó que la Virgen de la Antigua barroca no era la de la Magdalena. También acreditó un cambio de imagen. Por los grabados identifica la Virgen que está en Santiago como la de Roldán y el análisis formal de la escultura no deja lugar a dudas. Luego, sigue indagando con el traslado hasta que identifica un trasvase de obras desde el convento de San Pablo a Santiago", explica Andrés Luque Teruel, profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. 

La Virgen de la Antigua fue la gran devoción sevillana del XVII, la que tuvo el mayor número de devotos y mayor proyección devocional, social y popular. El declive de la hermandad, como el de la Semana Santa en general, arranca en el siglo XVIII: "El referente en el siglo XVIII no son los pasos. A partir de 1708 no se hacen pasos, misterios o crucificados. Es el siglo de la razón, el siglo de los dogmas y el del auge del sacramento. Cuando llegan los franceses, la Semana Santa está muy debilitada. Las cofradías salen cada muchos años y si estás débil, la invasión te acaba de destrozar. De 1810 a la década de 1830 hay años en los que sólo salen cinco o seis cofradías". Con este panorama, la otrora boyante Hermandad de la Antigua se ve abocada a la extinción. Sólo queda esta Dolorosa, la primitiva Virgen que está en la Magdalena, el Nazareno titular, que es hoy el Señor de Salud de la Candelaria, y el palio de la Virgen del Valle, que en tiempos cobijó a la Virgen de la Antigua. 

Esta portentosa talla se enmarca en una de las tres líneas marianas que Pedro Roldán propone en las marías el misterio de la Quinta Angustia. "Nos encontramos con un primer modelo con asimetrías muy evidentes, que pueden inspirar al autor de la Virgen de la Esperanza, y que comprende las imágenes de los retablos del Sagrario, antiguo de los Vizcaínos y de la Caridad. El segundo modelo es el de la Virgen de la Antigua, que llega hasta la Virgen de la Amargura, una imagen procedente del taller de Roldán, aunque no podemos decir que sea de él. La tercera línea no tiene continuidad directa en Pedro Roldán, aunque sí en su hijo y en los inicios de Duque Cornejo", resume Luque Teruel. Por tanto, la Virgen de la Antigua supondría una de las líneas más expresivas y dinámicas: "Prima la acción sobre la realidad. Es una imagen muy importante. La del museo Bode de Berlín habría que situarla junto a esta". 

La pregunta, sabido todo esto, es evidente: ¿quién se hace cargo de la imagen? La Dolorosa, tras desaparecer la hermandad, pasó a ser propiedad del Arzobispado, quien la depositó en Santiago. Al ser la Hermandad de la Redención la concesionaria de este templo, se supone que también es la responsable de la conservación de todas las obras que allí se encuentran. Luque Teruel, reivindica esta gran imagen de Roldán como icono mariano de la ciudad: "Esta Dolorosa podría ser la imagen mariana de Sevilla. Cuando haya que organizar cualquier acto, o se necesite alguna imagen para presidir algún altar... Ha sido una de las grandes devociones de la ciudad y hay que darle el lugar que se merece". Por ello, considera que hay que buscarle una ubicación idónea con su categoría. Y que reciba culto. Pone el ejemplo del Crucifijo de San Agustín: "La Hermandad de la Antigua no existe, igual que no existe la de San Agustín, ni el Cristo primitivo, pero la Hermandad de San Roque ha asumido ese culto y esa devoción". 

Es una imagen de tanta categoría que podría estar en un museo, aunque no es lo deseable: "Podría estarlo igual que el Señor de Pasión junto a Las Meninas, o el Gran Poder con Zurbarán, o el Cristo de la Expiración de Triana junto a las Inmaculadas de Murillo, o el misterio de la Quinta Angustia junto a las obras de Rubens o cualquier pintor barroco europeo. Tienen la misma calidad que las pinturas. Pero la Virgen está concebida para el culto. Tiene una función y, como se puede, habría que dársela". 

Los sevillanos, los cofrades y los que no lo son, los amantes del Arte en general, deben saber que esta Virgen de Pedro Roldán, la Esperanza del siglo XVII, se encuentra medio olvidada en la iglesia de Santiago. Los expertos abogan por hacer un estudio integral para ver cuál es su estado de conservación y restaurarla, si fuera necesario. El profesor Andrés Luque lanza una última pregunta: "¿Se imaginan a esta Virgen bajo palio?".

Una cofradía de la que formaron parte los reyes Felipe II y Felipe III

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión, junto con la del Santo Crucifijo de San Agustín, fueron las más importantes de su tiempo, como se puede leer en los escritos de Bermejo y otros importantes historiadores. Gran parte de la nobleza de la época formaba parte de la nómina de esta hermandad. Fue una de las pocas corporaciones que no sufrió alteraciones en la reducción de cofradías de 1623. Los reyes Felipe II y Felipe III fueron hermanos. Era tal la devoción de la Dolorosa que en 1680 y 1736 salió en rogativas para que lloviera y en 1706 lo hizo por la guerra entre España y Austria. Hacía su estación de penitencia a la Catedral el Jueves Santo con sus dos pasos y visitaba, además del monumento eucarístico la capilla de la Virgen de la Antigua. A pesar de su esplendor, realizó por última vez su salida en 1766. Está documentado que tras la epidemia de peste que asoló Sevilla en 1649, la hermandad decide renovar sus imágenes. En un inventario de la cofradía de 1673 se cita que la Dolorosa es obra de Pedro Roldán, una prueba más que vendría a corroborar que la Dolorosa de Santiago fue la titular de la hermandad, mientras que la de la Magdalena, atribuida recientemente a Andrés de Ocampo, lo fue, pero anteriormente.


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