Salvador Rodríguez Becerra: "Sin fe una hermandad es como un club de fútbol o una peña taurina".

Salvador Rodríguez Becerra

"Sin fe una hermandad es como un club de fútbol o una peña taurina"

http://www.diariodesevilla.es/article/entrevistas/1200305/sin/fe/una/hermandad/es/como/club/futbol/o/una/pena/taurina.html

Este Catedrático de Antropología de la Religión, y ateo, dedicó veinte años de docencia y una veintena de libros a estudiar la religión.
 
Francisco Correal, 4 de marzo de 2012.
 
 
 
 
 
Dos bajas por hernia discal en 40 años de docencia: Los profesores Francisco Checa, de la Universidad de Almería, y Antono Miguel Nogués, de la de Elche, coordinan el volumen La cultura sentida (Signatura), libro-homenaje a Salvador Rodríguez Becerra (Cortes de la Frontera, Málaga, 1943). Este ateo dedicó veinte años de docencia y una veintena de libros a estudiar la religión. Dirigió los congresos sobre religiosidad popular de Sevilla (1987) y Andújar (1998). Fue presidente de la Fundación Machado y dirigió la revista Demófilo. Vive en la calle Salto de Alvarado, gesta hípica del conquistador de Guatemala, país al que dedicó su tesis doctoral. Casado con María Luisa Romero, profesora, extremeña de Azuaga, es padre de Galo y Lara. En cuarenta años de profesor sólo tuvo dos bajas, las dos por hernia discal.


-La pregunta la formulaba su maestro José Alcina Franch: "¿Por qué se habla de los aztecas y no de los chinos?"

-En España la Antropología entró por el americanismo. Por una razón muy sencilla. Cuando se produce el Descubrimiento, allí hay más indios que europeos.

-Usted estudió la importancia del caballo. Spielberg ha hecho una película sobre el tema...

-Hemos visto muchas películas de indios y creemos que el caballo es oriundo de América. Lo llevan los españoles y los que abandonaron o se escaparon, los indios de las praderas, sioux sobre todo, los hicieron suyos. Lo montaban sin silla, lo cual era inconcebible en Europa y en Asia. Y lo utilizaban como instrumento de lucha y sobre todo de caza para su comida preferida, el bisonte.

-¿El antropólogo sigue estudiando las comunidades primitivas?

-Mantiene la metodología y las técnicas de estudio, pero ya es posible, como hizo Pitt-Rivers en Grazalema, acercarse a un grupo humano de nuestro entorno.

-¿Es el Pitt-Rivers de Zahara?

-Hace 35 años que tengo una casa en Zahara de la Sierra, pero no publiqué nada. Han pasado muchos amigos a ver el Corpus de Zahara, una reliquia de celebraciones litúrgicas de otro tiempo.

-En el libro-homenaje, destacan sus méritos como antropólogo de la Religión pese a no ser creyente. ¿No hace falta creer para ver?

-No puedo llegar a clase y decir que soy creyente o no creyente. Las hermandades de San Benito celebraron un encuentro en el Cerro del Andévalo. Fuimos dos ponentes. Yo traté de explicar el ser de la religión; el vicario general de la diócesis de Huelva habló del deber ser, de lo que hay que hacer para ser un buen cristiano. Evidentemente, sin el factor de la fe, sin la relación con lo sobrenatural, una hermandad sería como un club de fútbol o una peña taurina. Y eso que no tengo muy claro que no haya religión, al menos trascedencia, en el fútbol.

-¿Qué América le sedujo más?

-Conocí las dos en el mismo año. Fui a Filadelfia, Universidad de Pensilvania, y a Guatemala. En Pensilvania desmonté los prejuicios hacia la sociedad norteamericana. Se nota que Estados Unidos es un país creado por emigrantes. Me hicieron ofertas para quedarme. Estuve en 1968, después de los Kennedy. Guatemala fue la inmersión en un mundo que conocía de los textos y archivos. Una sociedad en la que el elemento indígena es mayoritario y sin embargo ocupa un lugar muy inferior. Hay dos economías, dos culturas y muchos grupos étnicos, cada uno con su manera de vestir. Como España a fines del XIX, que distinguías a un aragonés de un gallego o un catalán.

-¿Eso ya es impensable?

-El gran cambio que se ha producido a ojos vista ha sido la desaparición de las diferencias entre el mundo rural y el urbano. Se ha acentuado la identidad de pertenencia a un núcleo de población, del que se no se abjura, aunque no se viva en él. Eso se manifiesta a veces de forma negativa. Vuelven de vacaciones, en época de fiestas, y en su afán por recordar la infancia perdida exacerban las pasiones y ahondan las diferencias. Se van y dejan el problema.

-Se ha perdido un gran titular: hijo de guardia civil hace la tesis doctoral sobre los gitanos...

-Lo intenté, pero es un mundo muy difícil. Estuve con un líder gitano de Sevilla que vivía en Torreblanca, me llevó al velatorio de su madre, pero yo me perdía en aquellos vericuetos. Tuve dos o tres alumnas gitanas que daban Antropología.

-¿Marca vivir en cuarteles?

-Conocí los de Cortes de la Frontera, Benaoján, Montejaque y Sierra de Yeguas. Ascendieron a mi padre a sargento y lo mandaron a Sevilla. Fue nuestra salvación, eso nos permitió estudiar.

-Parece el mapa de Richard Ford.

-A mi padre le cogieron los años del maquis. Caían maquis, pero también caían guardias civiles. Mi madre era de Igualeja, en la serranía de Ronda, y la convenció de que vendiera todas sus propiedades para no volver.

-¿Los antropólogos fueron los primeros solteros de Plan?

-En ese pueblo del Pirineo Aragonés hicimos las prácticas de campo. En mi primer artículo vaticiné que allí pasaría lo que pasó. Las bodas se celebraban a lo grande. Funcionaba el mayorazgo. Sólo el hijo mayor heredaba, la tradición impedía que un heredero se casara con una heredera. Ese equilibrio económico a la larga produjo el desequilibrio de sexos.

-¿Cómo se lleva la antropología con la política?

-Son campos diferentes. Yo hice mi tesina sobre la hacienda de Torrequemada, en Bollullos de la Mitación, el Aljarafe. Era propiedad del marqués de Villapané. Nunca había visto a un casero hablar mal de su señorito. Fue el casero quien me enseñó la hacienda, que se la expropió Utrera Molina al marqués y la repartió entre los jornaleros porque no se aprovechaba el agua para regadíos.

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