Las claves ocultas del Rocío

Las claves ocultas del Rocío

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Una exposición sobre el bicentenario del Rocío Chico revela datos sobre el auge de la aldea

Álvaro Romero, Sevilla 16 de agosto de 2011

El 17 de agosto de 1810, cuando las tropas napoleónicas seguían intentando poner orden en el asilvestrado entorno de Doñana, un disparo acabó con la vida del capitán francés Pierre D'Ossaux en su residencia de Almonte. Sus compañeros no tardaron en pedir refuerzos para pasar a cuchillo a la insurgente población como escarmiento, al tiempo que hacían desaparecer al cura y al alcalde del pueblecito onubense. Sin embargo, la gente consiguió convencer al ejército gabacho de que el responsable del asesinato había sido un grupo forastero de bandoleros y más concretamente el contrabandista sevillano de Los Palacios Domingo Rodríguez, que pasaba por allí. Aquel chivo expiatorio consiguió disipar los deseos de venganza contra el pueblo de Almonte, hasta el punto de que la represalia se redujo a la condena a garrote vil del bandolero en la plaza de San Francisco de Sevilla, casi dos años después. Era la tercera vez en sólo unos meses que los almonteños, acostumbrados a la matanza clandestina y al disimulo de guerrilla como media España, se libraban del furor francés.



 Julio Mayo, comisario de la exposición; Juan Ignacio Real, Presidente de la hermandad matriz de Almonte; Emilio Gavira, autor de una treintena de acuarela de la muestra, posan junto a otros invitados.A. R.


Desde el año anterior (1809), a la Virgen del Rocío la habían traído desde su desamparada ermita aldeana hasta la parroquia almonteña de Nuestra Señora de la Asunción, edificio religioso que sí era respetado por el ejército ocupante, y allí permanecería hasta 1813. De modo que a nadie se le ocurrió pensar que la suerte del pueblo de Almonte no fuera sino la intercesión de la Señora de las Marismas, que estaba con ellos. Era tan evidente el milagro rociero, que una vez retirados los franceses, el 16 de agosto de 1813, se firmó en el pueblo, entre Ayuntamiento e Iglesia, un acta de Voto de Promesa por el que se comprometían a celebrar unos cultos de acción de gracias entre el 18 y el 19 de agosto de cada año por los dones recibidos de la Virgen. Y así fue como nació el llamado Rocío Chico. Curiosamente, a partir del año siguiente, 1814 -restaurada la monarquía en España con Fernando VII-, fue cuando la Romería del Rocío, que desde 1808 se había suspendido, alcanzó un impulso imparable que la ha llevado a ser lo que hoy es, con la fundación sucesiva de hermandades filiales señeras como la de Triana (1813) o Umbrete (1814). Así que puede afirmarse que el Rocío grande alcanza su envergadura actual catapultado por el Rocío Chico.

Todos estos datos, noticias fundamentales para el conocimiento de la distribución de la fábrica de la primitiva ermita, indumentaria y alhajas de la Virgen y gran documentación procedente de numerosos archivos locales, provinciales, regionales y del Archivo Histórico Nacional de Madrid pueden verse hasta el 30 de septiembre en los altos del Santuario marismeño en una exposición que, bajo el título de Intercesora de Almonte. El Rocío Chico, 1810-1813, descubre un importante puñado de claves rocieras que ni siquiera los rocieros más antiguos conocían.

Para ello ha sido necesaria la concienzuda investigación del historiador Julio Mayo Rodríguez, comisario de la exposición, que como el bandolero que con su disparo hizo germinar el milagro hace dos siglos, también es de Los Palacios, al igual que el pintor Emilio Gavira Amuedo, que ilustra con una treintena de didácticas acuarelas toda la muestra.

Precisamente uno de los descubrimientos que arroja la exposición Intercesora de Almonte es que no hubo romería del Rocío entre 1808 y 1813, periodo en el que el oidor de la Audiencia de Sevilla, Francisco de Bruna y Ahumada, se lamentaba de que la ermita era un refugio de cazadores furtivos, empezando por el capellán. El afán investigador de Julio Mayo Rodríguez, experimentado comisario de efemérides religiosas como la del V Centenario de Consolación de Utrera (2007), lo llevó por vericuetos extrareligiosos para demostrar que, en efecto, hubo cinco años sin romería. Un indicio revelador en este sentido fue la queja formal del abastecedor de aguardiente en la zona de Almonte y El Rocío en 1808 a la administración exigiendo la devolución de parte del coste de la concesión, pues no iba a vender la cantidad de alcohol preparada para una romería a la que podían concurrir entonces unos 8.000 peregrinos al haberse iniciado una guerra y reclutado 50 de los más bravos muchachos del lugar.

En la aventura investigadora ha sido crucial la posibilidad de desvelar por primera vez el fondo documental de Juan Infante Galán, un historiador local de la zona que durante los años 70 y 80 aglutinó una ingente cantidad de información hasta ahora desconocida. "Cuando Juan Infante murió en 1997, la hermandad consiguió que la Universidad de Sevilla catalogara sus fondos documentales", recordó el secretario de la Hermandad Matriz de Almonte , Santiago Padilla, quien se ha mostrado seguro "de que aún no se le ha sacado todo el rendimiento a esa documentación" y que "gracias a Julio Mayo hemos empezado a conocer".

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