Presentación del libro "El Monasterio de Santa María la Real de Sevilla y Bormujos", por Carlos J. Romero Mensaque
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
«EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL
DE SEVILLA Y BORMUJOS
Aproximación a su historia y patrimonio»
Carlos José Romero Mensaque, OP
Ayer, 6 de octubre, se presentó en la iglesia del convento el libro «El monasterio de Santa María la Real de Sevilla y Bormujos: aproximación a su historia y patrimonio» del que es autor el doctor en Historia y laico dominico Carlos José Romero Mensaque, presidente de la Sociedad Andaluza de Estudios Dominicanos y miembro del Instituto Histórico de la Orden.
Este acto se enmarcaba en el Cincuenta Aniversario de la venida de este monasterio a la ciudad de Bormujos. Fue presidido por la priora sor Montserrat Román, encargándose de la presentación del autor D. Ignacio Jáuregui.
Santa María la Real es considerado el primer monasterio dominicano femenino de Sevilla y fruto de muy distintas iniciativas: la beata María la Pobre, el cenobio de Santo Domingo el Real de Toledo, el apoyo económico de miembros de la familia real de Castilla y Aragón y también de destacados miembros de la nobleza sevillana…Todos estos factores conocidos y seguramente otros todavía por documentar hicieron que el monacato dominicano fuera una realidad.
La historia de este monasterio no es nada fácil de investigar por falta de documentación, tanto directa como indirecta, especialmente en lo que respecta a los siglos XV y XVI. En cada uno de los capítulos veremos cómo la comunidad vivió en clara precariedad económica durante toda su historia habiendo de sostener no ya solo la subsistencia de las monjas y la observancia de su instituto oracional y de culto, sino también la siempre débil fábrica del cenobio en todas y cada una de sus dependencias: iglesia, coro, celdas, dormitorios, cocina…y, además, la de los muchos empleados y sirvientes al cuidado de los distintos oficios: médico, cirujano, donados, mandaderos. Finalmente-y no menos importante- las niñas educandas y pupilas y también las señoras, normalmente viudas, que vivían también con su servidumbre en celdas y que suponían una importante ayuda económica, pero también dificultaban y no poco la vida y misión de la comunidad monástica. En definitiva, el monasterio era como una gran ciudad dentro de la ciudad
Para ello contaban con las dotes que cada novicia debía aportar en su profesión y un conjunto heterogéneo de fincas y casas dada en tributos, los juros, las capellanías y, sobre todo, las limosnas o donativos de familias o personas concretas de la nobleza y burguesía, de donde procedían muchas pupilas y futuras vocaciones y también las pensiones de las señoras que allí vivían.
En el estudio histórico hemos querido prestar una especial atención a las personas de las monjas, conocer sus nombres y oficios, sobre todo las prioras, cómo vivían, cómo rezaban, sus momentos de alegría y entusiasmo incluso y aquellos otros de incertidumbre, de extrema pobreza, de persecución, de tener que abandonar su cenobio tanto en 1868 (aunque pudieron volver) como el traslado definitivo desde su sede de San Vicente a Bormujos…y, por supuesto, el momento de la muerte de cada hermana, que siempre es muy especial y edificante: la comunidad acompaña en el tránsito, reza, da gracias por su vida y guarda su memoria.
Un aspecto fundamental en la historia de este monasterio ha sido la agregación de otras comunidades dominicanas: primero la de Santa María de Gracia en el siglo XIX y luego, ya en los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI los de Santa María de los Reyes y Santa Catalina de Osuna. Cualquiera de ellos precisa y merece una monografía, pero por mor del tiempo, el espacio y otras circunstancias no ha sido posible hacerlo ahora.
Hoy en día la comunidad de Santa María la Real, en la línea del Concilio y de su vocación dominicana, vive centrada en la oración, el estudio y también en la misión compatible con la clausura y que se concreta en el servicio a la feligresía próxima al monasterio con la oración y culto en su iglesia, promoción de actividades en su salón de actos y especialmente en la fundación y acompañamiento de una fraternidad de dominicos seglares.
El capítulo dedicado al patrimonio quiere ser un estado de la cuestión respecto a las piezas no solo de Santa María la Real, sino también de los monasterios agregados y que hoy conforman uno solo: Santa María de Gracia, Santa María de los Reyes y Santa Catalina de Osuna. Por esa razón es breve y conciso, deteniéndonos solo en algunos aspectos menos estudiados y teniendo muy en cuenta el trabajo predoctoral de Ana Pérez Tena, a la que nos remitimos en muchos aspectos y también la gentileza de compañeros especialistas en Historia del Arte como José Luis Romero Torres y María Teresa Ruiz Barrera que ha estudiado las pinturas miniadas y cartas de profesiones.
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